miércoles, 7 de marzo de 2012

El plomo amenaza salud de las mujeres de La Oroya

En La Oroya existen altas probabilidades  de que una mujer no pueda quedar embarazada o tenga abortos espontáneos por la contaminación con plomo. Hasta la fecha, las decenas de mujeres intoxicadas con el metal pesado no reciben ningún tratamiento del Ministerio de Salud. En el marco del  Día Internacional de la Mujer, diversas organizaciones de mujeres de La Oroya, como la Mesa de Diálogo de las Mujeres de la Provincia de Yauli y la ONG Filomena Tomaire Pacsi, hacen visible esta situación ante el inminente reinicio de las operaciones de Doe Run.
  
Según estudios realizados el 2005, la transmisión de plomo de madre a hijo se daba a través de la placenta y de esta forma los neonatos se contaminaban del metal pesado en el vientre materno. El doctor Hugo Villa confirmó esta problemática al realizar un estudio en el que comprobó que más de 75% de 93 niños nacidos en el Hospital de EsSalud de La Oroya tenían entre 6µg/dl y 10µg/dl de plomo en la sangre.

Es innegable el impacto negativo que tiene el plomo en  la salud femenina. En un estudio sobre “La toxicidad del plomo y sus efectos en la salud reproductiva, el desarrollo del feto y la leche materna” de la Universidad de Winsconsin, se registró que la contaminación con plomo provoca menos fertilidad y capacidad de mantener un embarazo, abortos espontáneos, muerte de niños al nacer, niños que nacen con peso bajo y nacimientos prematuros.

Por su parte, el Ministerio de Salud emitió dos resoluciones, en 2005 y 2007, en las  que se recomendaba la implementación de una guía para el tratamiento de pacientes con plomo y su ejecución inmediata en La Oroya. Anexaba estudios en los que se indican que el ministerio debería brindar  “evaluación médica integral, dosaje semanal de plomo, evaluación psicológica anual, evaluación nutricional semestral y de hemoglobina semestral” a los pacientes intoxicados. Incluso recomienda que se debe “controlar o eliminar la fuente de exposición (de plomo) en coordinación con las autoridades locales, regionales y sectoriales”. Sin embargo, los documentos fueron letra muerta.

 “Si el Estado reconoce que el plomo daña a las mujeres y a las niñas ¿por qué no implementa programas de atención médica constante a estas mujeres?”, se pregunta Sherly Echevarría miembro de la ONG Filomena Tomaire Pacsi. Y es que el Estado poco o nada hace en La Oroya.  Esther Hinostroza, directora de la misma institución, dice que el sistema de salud de La Oroya es precario, que no cuenta con los especialistas, ni con el equipo médico adecuado para la atención de la contaminación con plomo. “Los controles prepartos, por ejemplo, son una buena oportunidad para monitorear los niveles de plomo en la mujer gestante, lamentablemente esto no se está realizando ahora por falta de equipo y personal especializado”, dice Hinostroza.  
Sherly Echevarría y Esther Hinostroza de la ONG Filomena Tomaire Pacsi

Según Echevarría, el año 2006 se registró el pico más alto de intoxicados con plomo en La Oroya. Aún no se conoce su repercusión en la fertilidad y en la salud reproductiva de las niñas que fueron contaminadas en este periodo, se sabe que además del daño en la salud reproductiva, la contaminación con plomo afecta al cerebro, el sistema nervioso, al estómago y los riñones. Ingresa al organismo y se almacena en los huesos de 20 a 30 años.  

“La población de La Oroya acepta a la fundición porque no está informada. Si las mujeres supieran exactamente qué ocurre en sus cuerpos por la contaminación con plomo, dudo que apoyarían a Doe Run”, dice Echevarría. Y es que el único interés que ha tenido el Estado en informar a las mujeres sobre los daños que ocasionaría el plomo en su salud, han sido campañas “paliativas” de prevención como talleres de limpieza de puertas y ventanas de las casas o charlas informativas sobre cómo lavar las manos de sus niños, “pero nunca se habló en profundidad sobre los efectos de la intoxicación con plomo”, agrega.

“El riesgo de salud en la que se hallan las mujeres debido a la alta presencia de contaminación requiere la implementación de unos servicios médicos que refleja y responda a las necesidades básicas y únicas que necesitan las mujeres que viven en La Oroya”, termina Echevarría.

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